Las ochenta y ocho almas del Piano
"La música comienza donde acaba el lenguaje" Theodor Amadeus
viernes, 9 de diciembre de 2011
Más dura la batalla, más dulce la victoria
Un verdadero guerrero es aquel que en mitad de la batalla, malherido y sin fuerzas, se levanta para, con los últimos resquicios de su coraje, matar de un sablazo a su último enemigo, sin importarle el dolor o la angustia de sus últimos momentos. Ni siquiera sabe si logrará dar muerte a su combatiente, pero confía, se levanta y lo intenta porque en el fondo de su corazón, sabe que tener de su parte su propia voluntad ya es ganar la mitad de la batalla.
Mientras tanto, en el mundo de los sueños...
- Quizá sea una especie de vida interior la que llevo, y no real, pero me gusta. Sueño con poder ver más allá de lo humano, sentir lo divino de cada instante, poder volar en cada melodía, sentir el tacto de las nubes con solo un gesto, hablar con tan solo una mirada. En mi mundo yo soy el único habitante, mi lenguaje es la música y la poesía, los paisajes son de ensueño: los árboles tienen hojas color rojo fuego y sus raíces acaban a modo de círculo, los pájaros son azules e inmensos, las nubes rosas y el agua morada; las vistas son inigualables. Mi mejor amigo soy yo, mi propio gobernante, mi propio enemigo, mi propio dueño y esclavo. No hay discusiones que me dejen sin aliento, todo es respetado y observado; en mi mundo, el tiempo no existe.
-¿Me dejarías entrar en tu mundo?
-Tú ya perteneces a mi mundo, al mundo de mis sueños; serás mi huésped en él mientras seas capaz de seguir soñando.
-Entonces seguiré soñando eternamente.
-¿Me dejarías entrar en tu mundo?
-Tú ya perteneces a mi mundo, al mundo de mis sueños; serás mi huésped en él mientras seas capaz de seguir soñando.
-Entonces seguiré soñando eternamente.
jueves, 21 de abril de 2011
Se me perdió la brújula

Guíame en el camino, creo que me he perdido y no encuentro la brújula que tiré dos kilómetros atrás. Creí que mi instinto y mi orientación me bastarían para seguir el camino que empecé a recorrer hace tiempo. Me equivoqué. Me encuentro perdida en un inmenso mundo lleno de gente avariciosa y llena de maldad, no encuentro a los míos, no encuentro el sitio en el que debo estar. Me fallan las fuerzas, las piernas me flaquean y lo único que puedo hacer es seguir adelante sin rumbo, porque no puedo confiar, no debo. Es tan triste sentirse solo en medio de tanta gente y que nadie haga nada por ti… A veces pienso: ojalá fuera de la mano de mi madre todavía y ella fuese la que me indicara el camino correcto, e ir con ella hasta el fin del mundo sin miedo, y caminar en medio de la gente con una sonrisa de oreja a oreja sabiendo que estoy a salvo con ella… Pero me cansé tontamente de ir de la mano de ella, y quise ir de la mano de otros, otros que por suerte o por desgracia, al igual que yo, no sabían el camino tampoco o simplemente, me los encontré en el camino y ya estaban perdidos. Así que decidí con ellos perderme entre la gente y caminar a la aventura para ver hasta dónde éramos capaces de llegar sin perder el camino de vuelta. Pero no fue así. Avanzamos demasiado y llegamos a límites a los que poca gente llega, y sin saber volver. Y lo peor es que fui yo la primera en caminar sin rumbo pensando que después volvería. Me confié y ahora me es imposible acceder al atajo fácil que me llevará de vuelta. Lo que me espera es un camino largo y denso que no se si encontraré sin una brújula que me guíe, una mano que me lleve o una estrella que me indique por dónde regresar, porque aunque no lo he dicho, también está nublado. Si alguien por el camino encuentra mi brújula, que me la devuelva por favor.
http://www.youtube.com/watch?v=V36glG1DJHA
sábado, 4 de diciembre de 2010
El lado oscuro
Porque las cosas no son como pensamos a veces, porque todo cambia sin que nos demos cuenta, porque cada canción es una historia ya vivida, porque la felicidad es uno mismo, porque al fin y al cabo somos animales y actuamos como tales, porque somos esgoistas, porque el amor no existe ni la amistada tampoco, porque la racionalidad es nuestra condena y nuestros insitintos nuestra salvación, porque nos hemos acostumbrado a desperdiciar la mayor parte del tiempo, porque creemos que somos eternos, porque solo tenemos ojos para lo instantáneo, porque nuestro recuerdo siempre deja vestigios de épocas pasadas, porque somos caprichoso, porque tarde o temprano nos convertimos en adultos, porque creemos que el mal nunca llegará a ser parte del bien, porque todo está ya pensado, porque podemos pensar antes de actuar, porque nos morimos cada vez más según pasan los segundos, porque no sabemos disfrutar de nosotros mismos y siempre necesitamos terceros para hacerlo, porque somos sociales por naturaleza, porque el hacer daño forma parte de nuestras vidas, porque la vida es una lucha constante que siempre perdemos, porque luchamos a contracorriente, porque somos orgullos y la codicia es quien nos guía, porque nada es infinito, porque existe el tiempo...
Por eso, odio el mundo
Por eso, odio el mundo
viernes, 20 de agosto de 2010
Consecuencias...
Los recuerdos se apilan detrás de una melodía, las luces llenan mi vista, y mis manos ahora atrofiadas por el esfuerzo hecho, no me sirven para nada; la paciencia, mi sexto sentido, hace tiempo que también se atrofió. Esperar, impaciente eso sí, a que la vida por sí misma, vuelva a su curso. Pero hay que esperar, y la poca paciencia se agota antes, y la vida tampoco es eterna, y aún así, se disfruta difícilmente. No quiero perder más el tiempo, y para ello, venderé los relojes, para no quedarme sentada viendolos en marcha . Porque fraccionarlo, en el mismo hecho de hacerlo, es perderlo, y si ya tengo poco, menos para perder nada. Sí, soy envidiosa y caprichosa, como una niña pequeña que no sabe nada de la vida, solo sabe que con tan solo una palabra, su mente obediente acatará tus órdenes; como un fiel esclavo que nunca conoció la libertad, pero que sí conoció el amor por su dueño. Así soy yo cuando tan solo me hablas.
viernes, 23 de julio de 2010
Quiero...
Quiero escapar de tí, de los gritos que aclama mi cuerpo cuando te veo, no sentir lo que siento cuando te siento a mi lado, huir de cada pensamiento que no pueda ser real. Quiero vivir en un mundo donde no haya realidad, donde todo se viva en los sueños sin que sean mentira, ni tampoco verdad. Quiero vivir a nuestro antojo, olvidarme de la vergüenza y la inseguridad, poder tan solo pronunciar una simple palabra sin dudar cuando me miras a los ojos ...
Y ojalá fuese todo amor y no poemas, aunque seguramente no sería tan sencillo; disfrutando tu lo recitas y yo te escucho mientras sigo el ritmo de tus labios. Hagamos de esta verdad una mentira para los demás; mientras, confesémonos tú y yo donde tú quieras.
Y ojalá fuese todo amor y no poemas, aunque seguramente no sería tan sencillo; disfrutando tu lo recitas y yo te escucho mientras sigo el ritmo de tus labios. Hagamos de esta verdad una mentira para los demás; mientras, confesémonos tú y yo donde tú quieras.
miércoles, 21 de julio de 2010
Jugar sin la reina

Últimamente parece ser que mi inspiración anda de vacaciones como todo el mundo, así que solo se me ocurren temas románticos, algo a lo que rotundamente me niego; no quiero convertir mi blog en un azucarero como el de mi amiga Catheih (aunque empalagoso, os lo recomiendo http://catheih.blogspot.com/)
Hoy quiero darle parte de razón a mi amiga en cuanto a temas amorosos, cómo no. Uno no se debe morir sin enamorarse. En esta vida hay una serie de cosas que se deben probar para que merezca la pena el viaje, y saber a qué sabe el amor es una de ellas sino una de las principales. ¡Pero es tan difícil! Nos complicamos las cosas cuando son fáciles, cuando solo basta con dejarse llevar y no tener miedo. El compromiso nos asusta y la desconfianza nos oprime.
Para vivir, hay que arriesgar porque ello forma parte de vivir. Hay que saber jugar para ganar, y en este juego hay que saber apostar. Por eso siempre habrá el típico ludópata suicida que juegue a todo o nada, y los que solo miran o bien porque les da miedo el riesgo, o porque no tienen ya nada que apostar. Aprendamos a jugar en cada partida sin la reina, esperando la oportunidad de un jaque y teniendo esperanza de que lo haya, arriesgando, pero protegiéndonos nosotros mismos como si fuésemos el mismísimo rey. Aunque si nos hacemos daño y perdemos, sabremos que las figuras volverán al tablero en un nuevo juego, pero quizá entonces no tengamos qué apostar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)