viernes, 9 de diciembre de 2011

Más dura la batalla, más dulce la victoria

Un verdadero guerrero es aquel que en mitad de la batalla, malherido y sin fuerzas, se levanta para, con los últimos resquicios de su coraje, matar de un sablazo a su último enemigo, sin importarle el dolor o la angustia de sus últimos momentos. Ni siquiera sabe si logrará dar muerte a su combatiente, pero confía, se levanta y lo intenta porque en el fondo de su corazón, sabe que tener de su parte su propia voluntad ya es ganar la mitad de la batalla.

Mientras tanto, en el mundo de los sueños...

- Quizá sea una especie de vida interior la que llevo, y no real, pero me gusta. Sueño con poder ver más allá de lo humano, sentir lo divino de cada instante, poder volar en cada melodía, sentir el tacto de las nubes con solo un gesto, hablar con tan solo una mirada. En mi mundo yo soy el único habitante, mi lenguaje es la música y la poesía, los paisajes son de ensueño: los árboles tienen hojas color rojo fuego y sus raíces acaban a modo de círculo, los pájaros son azules e inmensos, las nubes rosas y el agua morada; las vistas son inigualables. Mi mejor amigo soy yo, mi propio gobernante, mi propio enemigo, mi propio dueño y esclavo. No hay discusiones que me dejen sin aliento, todo es respetado y observado; en mi mundo, el tiempo no existe.

-¿Me dejarías entrar en tu mundo?

-Tú ya perteneces a mi mundo, al mundo de mis sueños; serás mi huésped en él mientras seas capaz de seguir soñando.

-Entonces seguiré soñando eternamente.